miércoles, 2 de abril de 2008

El arte de odiarte


Odiarte es tan perfecto
como la continuidad de tus vértebras,
como el filo de tus sarcasmos,
como la longitud de tu nariz.

Es casi tan doloroso como amarte
y más punzante que el deseo
tan inútil como la magia
y tan eterno como el adiós.

Odiarte es mi dieta maestra,
la ruta al suicidio de mi niñez,
una novela tan corta
que se merece secuelas.

La apuesta a la fuerza de mis mandíbulas,
la rabia esa triste,
que sabe a pique y ajonjolí,
un retiro temprano y escaso.

Odiarte es lluvia de mediodía,
es ese vapor húmedo
que te excita y dan ganas de morirte,
es un hambre mezclada con cansancio.

Es la amnesia de un domingo feliz.
Odiarte es el día de sacar la basura.
Es perder el avión por quince minutos,
es olvidar aquello que prometí.

Odiarte es la válvula de mis hormonas,
es un éxtasis que se quedó a mitad
es la depilación de mi alma
y el barrunto de mi estrechez.

Odiarte es lo etéreo de tus manos,
es tu libertad que se me echa en cara.
Es la maldición de tu familia
y el asesinato del tú que me inventé.

Odiarte es una ciencia exacta,
un crimen numérico,
un tarot organizado,
y mi miedo en orden alfabético.
Odiarte es el imán de tu pelvis,
el ingrediente que siempre falta
un calambre en el medio del mar
una fobia que no envejece

Mi odio está hecho de flores
de café frío, de camas vacías,
de mascotas descuidadas
y semáforos que viven en rojo.

Te odio con la fuerza de mis sueños
con la misma pasión con la que te devoro
en el abismo de un papel en blanco
con toda mi claustrofobia insular.

Te detesto por lo que me imagino
por las culpas que me has grapado en la piel
por el pasado que doblas y metes en gavetas
por todas las veces que amaste antes de mí

Odiándote he bordado tu cintura de sospechas
odiándote he intentado infartarme el corazón.
Te he odiado intensamente, intermitentemente,
interminablemente, inevitablemente.

Acepto haberte odiado en la enfermedad y en la pobreza,
en los desvelos, y en reproches,
en las esperas y en el alcohol,
y hasta a veces antes y después de hacerte el amor.

Te he lanzado mil maldiciones
en mutis y a gritos,
ausente y frente a ti,
merecidas e infundadas.

Odiarte es un microcuento
que te desgarra y lo vuelves a leer
es una corriente submarina
el laberinto que yo misma me construí

Odiarte me convierte
en un convertible desmantelado
en una fruta fuera de temporada
en un palacio abandonado


Soy más fuerte cuando te odio
más amarga, más mujer.
Mi odio y mi amor son inversamente proporcionales
Te odio porque te reconozco mi último intento fallido,
mi reincidencia renovada;
mi penúltima lágrima voluntaria.

1 comentario:

Vilma dijo...

Odio tantas cosas que veo a través de mi ventana.Odio mirar por la ventana y ver a mi vecino escribir emails a su pareja mientras hay Sol afuera. Odio ver a mi vecina caminando de lado a lado esperando q. llegue su amor el cual se encuentra fuera del pais. Odio ver a través de mi ventana a una mujer sola q. cada noche pone dos almohadas sin saber por qué. Odio ver las personas que con paso apresurado van a la iglesia y siempre llegan tarde para la repartición de gracia.Odio cuando veo a través de mi ventana al vecino poniendo en una mesa 2 tazas de café mientras una de ellas se enfria intacta dias tras dias. Odio esa ventana q. me hace ver la inacción de las personas ante las horas esperando algo o alguién. Odio simplemente las ventanas que me hacen ver cosas que no me importan, que no necesito ni quiero saber.
Odio admitir que debo mudarme porque... en mi casa sólo tengo...
¡puros malditos espejos!.
Cariños,Titi Vilma